He dudado de si es apropiado meterme en el charco de criticar «constructivamente» el informe del profesor Manuel Hidalgo sobre márgenes comerciales en las cadenas de valor alimentarias presentado por ASEDAS el pasado 28 de abril y de paso también los de COAG y ASAJA y de rebote al mismísimo Ministerio. (Ver informe aquí: Análisis de la cadena de valor agroalimentaria: metodología para la comparación precisa de precios origen-destino)
¿Qué necesidad habrá de incomodar a mis amigos de ASEDAS, COAG y ASAJA, a mis apreciados contactos del MAPA o a mis respetados conocidos de la Pablo de Olavide?
Y, además, poniéndolo tan fácil para el “ad-hominem” 🤣 … Ya está aquí «el tonto este con un blog» (y un podcast), sin formación específica en investigación académica y además parte implicada con esos malvados eslabones de la intermediación.
Pues allá vamos… empecemos por las conclusiones por si alguien no quiere seguir leyendo más:
- Los estudios comparativos de Precios en Origen-Destino de ASAJA y COAG no ayudan a explicar la realidad del sector y tienen un uso reivindicativo que implícitamente nos separa entre víctimas y malvados.
- La rigurosa y científicamente aceptada metodología estándar propuesta por el informe del profesor NO funciona para describir las cadenas de valor de las frutas y hortalizas (*Nota1: en otros alimentos sí funciona. *Nota2: los casos aportados de patata y limón no son representativos de la casuística típica de las frutas y hortalizas).
- El Ministerio de Agricultura, tras años (al menos desde 2009) tratando de convencernos de que hay un reparto equilibrado de márgenes (mediante los informes del Observatorio de Precios de los Alimentos y los múltiples estudios sectoriales siguiendo esta misma metodología) se descuelga con la contradicción de impulsar una Ley de Cadena (Inicialmente vía Real Decreto-Ley 5/2020) que trata de conseguir precios mínimos (“precios por encima de los costes efectivos de producción”) para el sector primario. Pero ¿no habíamos quedado que no había problemas?
¡Ah, amigos! Es que sí hay problemas. Las protestas de ASAJA o COAG están plenamente justificadas. Son reflejo de las dificultades de sus asociados para ganarse la vida con sus cultivos, pero yerran al acusar (implícitamente o explícitamente) de maldad a intermediación o distribución. Y yerran también los que piden la imposible solución de los precios mínimos (aquí un artículo antiguo donde ya trataba de explicar el tema).
Y, finalmente, no podía dejar pasar que un informe (muchos, de hecho), por muy riguroso académicamente que sea, sugiera que los problemas que yo veo y sufro todos los días no parecen existir. Otra cosa es si los problemas tienen solución o cuál es la solución.
Parafraseando la famosa frase del mítico jugador de beisbol norteamericano Yogi Berra: «En teoría, no hay diferencia entre la teoría y la práctica. En la práctica, sí que la hay».
Esta desconexión entre teoría académica y realidad en el mundo hortofrutícola me ha acompañado dolorosamente en toda mi carrera profesional. Me he pasado 20 años documentando y escribiendo qué funciona y qué no en nuestro sector (el que quiera puede descargarse gratuitamente mi libro -FRESHCONOMICS- aquí. ¡Aviso es un ladrillo de 400 páginas!).
Pero al tema… con respecto a las trasferencias de precios, impacto de costes y reparto de márgenes en las cadenas de valor hortofrutícolas la teoría estándar no funciona y voy a tratar de explicar por qué.
La teoría clásica asume simetría. Por ejemplo, una subida del 10% en origen debería traducirse en una subida proporcional en mayorista y retail, y viceversa con las bajadas. Asume, también, mercados que tienden al equilibrio, con fricciones y volatilidades temporales pero reversibles. Y trabaja con elasticidades y datos agregados (medias mensuales o anuales) que «alisan» la realidad diaria.
Y nuestro mundo no es así y no lo experimentamos así. No hay situaciones de equilibrio de mercados. Hay una dinámica volátil que no tiende hacia equilibrios sino a crisis recurrentes.
No hay simetría en las transmisiones de precios a lo largo de la cadena con coherencia a los costes repercutidos. Y esta asimetría de transmisión de precios específica de las frutas y hortalizas está muy estudiada. Estudiada en el sentido de que hay numerosos papers científicos que la constatan, pero que se contradicen entre ellos al intentar explicar el fenómeno. ¡Y así llevamos décadas de agria polémica científica al respecto!
Para el que tenga curiosidad aquí os enlazo un muy buen paper de revisión del estado del debate (a 2018) de la tremenda complejidad de las transmisiones de precios en frutas y hortalizas: “Santeramo, F. G., & Gioia, L. D. (2018). A Review of Supply Chain Prices Analyses with Emphasis on Perishable Markets. In-Tech”. Pero os resumo las conclusiones: “further research is needed” (hace falta investigar más). Es decir, no sabemos qué pasa.
Les explota la cabeza (como nos pasa a todos) con las paradojas del sector. ¿Cómo se producen situaciones de precios bajísimos en origen y altos en destino? ¿Cómo es posible que en algunos momentos haya precios más altos en origen que de venta al público? ¿Por qué hay estudios que constatan asimetrías positivas y en otros negativas para el mismo producto?
Pues desde mi punto de vista tiene que ver con que no hay “cadenas de valor alineadas para el caso de las frutas y hortalizas”. Por contra, hay tres ámbitos de decisión (llamémosles mercados) conectados, pero que operan con sus propias dinámicas y lógica interna que responden a incentivos que presionan constantemente hacia el desequilibrio de mercado (Origen-Freshmercado-Destino).
El mercado intermedio (que llamo Freshmercado) es el que hecha “la bolita a rodar” comercialmente cada semana. Y solo después una rocambolesca sucesión de acontecimientos, vemos múltiples precios en origen y múltiples precios en destino. Es en esta sucesión de acontecimientos no conectados, tanto en origen y como en mercado en destino, donde se producen las paradojas.
No quiero aburrir, pero lo que los observadores externos e investigadores han denominado como comportamientos irracionales, paradójicos, desacoplados en el tiempo o simplemente desviaciones del modelo teórico en frutas y hortalizas no tiene que ver con que seamos un desastre de sector o que seamos malos o malvados profesionales.
Tiene que ver con la perecibilidad de los productos (que cambia el balance de poder y los comportamientos), con la volatilidad de la oferta en el corto plazo (que crea incertidumbre), con la rigidez de la demanda o la sustituibilidad del producto según sea percibido en la cultura de consumo de cada destino (que alimenta explosividad o la traslada al origen) y las dificultades de escalabilidad de la producción. El desequilibrio del sector es estructural y no se puede arreglar, pero sí se puede mitigar.
Coincido con el prestigioso autor del informe; el debate público es necesario acompañarlo de rigurosidad y honestidad intelectual. Algo que en su caso está perfectamente acreditado (o así me lo parece porque lo sigo en redes desde hace años).
Y aún así “este tonto con un podcast” insiste y les solicita encarecidamente que miremos al sector hortofrutícola de manera diferencial.
¡Ustedes en la Academia, por favor, creen los estudios de FRESHCONOMÍA! Porque el sector de las frutas y hortalizas no funciona igual que el resto de los sectores alimentarios y hasta ahora nadie se ha puesto concienzudamente a la labor. Y no estaría nada mal que España, por tradición e interés, fuera la pionera.
Y los amigos de ASEDAS, ASAJA, COAG y el MAPA, como ya me conocen, seguro que sabrán perdonar la intromisión.

