En el sector hortofrutícola hemos interiorizado (erróneamente en mi opinión) que trabajamos con productos a los que se suele llamar como Commodities.
Si los grandes productos agrarios (cereales, soja, etc.) son los típicos commodities y las frutas y hortalizas también son productos agrarios, pues también serán Commodities los hortofrutícolas, ¿verdad?
Pues no y mil veces, no.
Así que el objetivo de este episodio corto es conseguir convenceros de que esto no es así.
Este equívoco está asumido en los manuales de economía agraria que estudiamos y debido a esto se convierte en casi una profecía autocumplida. Al creernos acríticamente algo de manera colectiva lo hacemos verdad compartida y adaptamos nuestro comportamiento a esa percepción, pero la realidad sigue estando obstinadamente ahí, disponible para el que quiera asumirla.
Y sí, claro que nuestros productos parecen comportase como commodities. Se cumplen parcialmente algunas de sus características, pero cuando lo hacen se cumplen como síntoma y no como propiedad intrínseca del producto y del mercado.
Como teoría alternativa en el libro Freshconomics he desarrollado una nueva clasificación de productos hortofrutícolas a los que llamo los freshmodities. Y la primera gran división para entender a los Freshmodities tiene que ver con las dos estrategias fundamentales de estabilización de la oferta.
O bien tu producto es un freshmodity de flujo o un freshmodity de stock. Si puedes almacenar para estabilizar la oferta al mercado trabajas con un freshmodity de stock. Mientras que si necesitas plantaciones escalonadas o sucesivas para ofertar de manera estable tu producto es un freshmodity de flujo.
En el libro Freshconomics tenéis una explicación más detallada sobre el tema y también la matriz de Freshmodities que completa la clasificación de nuestros productos.

